Tacones de aguja

tacTacones de aguja

Nada tengo contra la mujer que utiliza un buen par de zapatos como complemento de belleza, nada tampoco contra la industria y la moda del calzado… Sin embargo, me inquieto cuando esos u otros zapatos son reclamo para puteros, cuando no sirven para atraer hombres que se desean sino “clientes” que en el fondo se aborrecen. Me duele cuando entre el calzado y un minúsculo tanga apenas existe ropa ni se reconoce dignidad alguna. La aguja del tacón se clava con más fuerza cuando sobre esos tacones no hay una mujer sino una niña, privada de infancia y futuro, puesta al servicio de proxenetas y hombres depravados.

Hoy, 23 de septiembre, es el día internacional contra la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual… Tacones lejanos, puesto que mayoritariamente la prostitución en España se nutre de mujeres extranjeras seducidas por promesas de dinero rápido o brutalmente secuestradas. Pisadas de tacones que suenan en un número, tan impreciso como incontrolado, de esquinas, pisos, chalets, tugurios de carretera, clubs y páginas web Tacones que elevan la estatura y menguan todo lo demás. Tacones que hacen que día a día la mujer prostituida se sienta menos persona, menos mujer, menos fuerte, menos joven, más pequeña, más estigmatizada, más disminuida en la escala social… hasta que ya da lo mismo que sea zapato de tacón, plataforma o bota alta, hasta que se pierden las esperanzas de futuro, las promesas incumplidas y los sueños buscados… hasta que sólo quedan las adicciones, los trastornos mentales, el dolor en los huesos y en la carne, las enfermedades venéreas y las pulgas viejas que ahora se llaman “clientes de toda la vida”.

Vivir y languidecer día a día con los tacones puestos, sin la gloria épica de los que murieron sin quitarse las botas.

Esta jornada no se plantea como una cruzada contra un par de zapatos. Reivindicamos en cambio opciones para las personas prostituidas, fundamentalmente mujeres pero también niñas, travestis, hombres y niños: que se pueda realmente escoger entre los zapatos de tacón, el calzado laboral o las zapatillas de estar por casa; que la alternativa a la explotación sexual no sea la explotación laboral o el hambre; que no se camufle, como prostitución libre entre adultos libres, lo que casi siempre es una forma, sutil o bárbara, de violencia machista.

Tacones que se compran como se compra el cuerpo obligado a la prostitución, tacones canjeables por dinero, dinero que servirá para que una familia coma, para engordar el negocio de la droga o para que un chulo pueda comprarse otro descapotable nuevo.

Quizás sea hoy un día para recordar que la explotación sigue avanzando más deprisa que la respuesta social, que las víctimas son más que los que trabajan para atenderlas, que todavía hay mucho camino por recorrer para que una mujer pueda poner un tacón de aguja en sus pies sin tener que ponerse a los pies de un varón.

 

Fuente:

Fidel Romero Salord

Miembro del Grupo 23septiembre

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